El zaguan antiguamente era el lugar de encuentro de los amantes para ocultarse de las censuras a las que eran sometidos por las intolerancias de la época. Del mismo modo aunque lejos de ser amantes furtivos los que nos reunimos allí también en cierto modo huimos de lo socialmente establecido y nos sentamos en sus mesas bajitas a la luz tenue de unas cuantas lámparas de henna y como música desde macaco, ojos de brujo... hasta extremoduro o fito.

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